Crónica de una atención para parto irrespetada

calendar 19.5.17 clock
Se termina la Semana del Parto Respetado y me asombra encontrarme con que todavía se confunda esta frase con querer parir en casa o en agua.

No tiene nada que ver (directamente). Porque quizá quienes buscan estas últimas opciones lo hacen porque es su gusto y seguro toman las medidas médicas necesarias para llevarlas a cabo.

Un parto respetado no es más que pedir que no nos hagan pasar malos momentos durante un momento maravilloso como lo debe ser traer al mundo a nuestros hijos.




Me sorprende que la Sociedad Panameña de Obstetricia y Ginecología diga abiertamente en los medios que no ‘entienden’ que quieren decir con Parto Respetado/Humanizado y que en ninguna instalación de salud se deshumaniza a las parturientas.

Pues señores, por favor revisen como funciona la Sala de Urgencias Obstétrica del Hospital Santo Tomás, de la cual tengo pésimos recuerdos.

Cuando acudí allí luego de la severa caída que tuve en la semana 30 de embarazo, por recomendación de mi obstetra y buscando una segunda opinión que la que me habían dado el día anterior en la sala de urgencias del Centro Médico Paitilla, me encontré con una sala atestada de madres como yo: temerosas, preocupadas y solas.

No se permitía (ni permite) que te acompañen tus seres queridos en un momento donde sí o sí necesitas apoyo.

Tuve que ver, mientras esperé 1 hora por atención, como una joven era trasladada a sala de operación con su feto muerto y sus piernas llenas de sangre, gritando de angustia y su madre en la puerta desesperada por saber como seguía su hija.

Me paré, con el inmenso dolor que tuve por la escena y el propio por mi caída, a decirle a la madre lo que ocurría, pues nadie del personal médico tuvo la iniciativa de hacerlo y encima fui criticada por quién estaba en la recepción.

Cuando por fin fui atendida, fui tratada por la ‘doctora’ de mala manera por el simple hecho de haber hecho el control prenatal en clínica privada.

Y por cierto era una estudiante en prácticas de la Universidad Nacional (deben darles cátedra de atención), cuando me hizo pasar a la camilla y pregunté ingenuamente por una bata y un banquillo para subirme me miró socarronamente y me dijo: ‘esto no es SU clínica’.

Afortunadamente el otro practicante, un joven de la Universidad Latina me dió su abrigo para cubrirme y buscó un banquito en otro lugar para ayudarme a subir.

Allí en camilla tuve que soportar que me hicieran inspección vaginal 3 veces, ella para empezar y dos estudiantes más que luego llegaron.

Al cuarto intento, mi tensión me hizo explotar y reclamar al médico encargado que porque tanta metedera de mano que si no había parido del golpe ellos me harían parir allí mismo y que porque no les enseñaba a hacer reportes y leerlos.

Y tuve que aguantarme su retahila que si allí estaba era por atención y si no me gustaba bien podría irme para no hacerles perder tiempo.

Claro que es fácil es decir eso cuando no tienes dolor inmenso por el golpe, piernas entumecidas de estar abierta para que tú dizque enseñes y ¿encima debo estar agradecida? 

Y esa no fue la peor parte, lo más indignante fue cuando pasé a ultrasonido y allí escuché anonada que porque había ido con ellos a hacerles gastar insumos.

¿No tengo derecho a atención, solamente por haber hecho mis controles en un consultorio privado? 

Esa frase colmó mi paciencia, y apunté el nombre del que la botó y con sonrisa Colgate y lágrimas en los ojos le dije que ese no era su asunto, que se ocupará de revisar el estado de mi hijo y darme mi informe, que yo daría el mío a sus superiores.

De esto hace ya 4 años, y aún me molesta el maltrato sufrido.

Salí de allí con un reporte que decía que no tenía nada de que preocuparme, y a los dos días rompí fuentes y debí guardar reposo total y recibir inyecciones para acelerar el desarrollo de mi niño en caso de que se adelantara el parto, como de hecho sucedió.

Aún tengo consecuencias de aquella caída y debo tomar medicamentos de por vida para mejorar el funcionamiento de medio cuerpo, debido a nervios atrofiados por una hernia cervical.

Entonces, Sociedad Panameña de Obstetricia y Ginecología...

¿Les parece normal el trato que recibí? ¿Perciben respeto o trato humano en quienes me atendieron?

Yo no percibí más que desdén, no los sentí humanos con una mujer que sufría dolor, que no estaba allí para parir como había soñado.

Percibí irrespeto hacia aquella joven que como yo espero demasiado tiempo por atención, y peor que en su caso su hijo murió dentro de ella.

Espero que con esta crónica, que lastimosamente no es la única en nuestro país, logren encontrar respuesta a sus dudas.







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Soy Cyball, mamá y coder panameña.

En 2012 conocí ese amor irrepetible, el que me inspira cada día: mi hijo Andrés.

Por él me inicié en el mundo del blogging y el coding hasta crear en 2018 ANMATT Studio, mi emprendimiento.

Aquí encuentras mis historias, esas que no caben en un tweet.